EGO TE ABVOTO

carta de TOMAS SEGOVIA
Querido Matías Vegoso

    Pero entonces, me preguntas, ¿por qué la gente sigue votando por ellos? Yo también me lo pregunto, pero no con la sorna impertinente con que lo preguntaría Berlusconi, sino con auténtica perplejidad. ¿Acaso tú piensas, como don Silvio o el valenciano Camps, que el voto de la gente es una autorización para robar y estafar en la impunidad? Ese argumento produce inmediatamente indignación en toda persona decente, y sin embargo vale la pena tomarlo en serio y examinar lo que implica.

Moralmente la cosa es clara: nadie podría decir que sobre el comportamiento de Berlusconi caben diversas interpretaciones; no hay punto de vista desde el cual no sea un granuja. Yo diría lo mismo de Camps, pero reconozco que de momento todavía puede esgrimir justificaciones o faltas de pruebas con las que Berlusconi ya no cuenta. Me atengo pues a Berlusconi, pero en el entendido de que los Berlusconis parciales o totales, escondidos o visibles, son legión.

Ahora: trasladada al plano político, la perplejidad moral ante el hecho de que la gente pueda votar por canallas indudables implica una profunda duda sobre la idea misma de democracia. Podemos decir que esa duda es doble o que son dos los planos de la democracia que quedan en entredicho. Por un lado, si los ciudadanos pueden ser manipulados hasta el punto de que una mayoría no vea lo que salta a la vista, lo cual equivale a una obnubilación mental prácticamente inhumana, ¿qué virtudes puede tener un sistema que permite esa aberración y no cuenta con ningún instrumento para paliar sus efectos? Por otro lado, si los ciudadanos no obnubilados que votan por los granujas sabiendo que son granujas son tantos como para que esos granujas ganen las elecciones, de nada serviría educar e informar al pueblo para que no se deje engañar; esos ciudadanos no están engañados, quieren la corrupción a sabiendas.

En México en tiempos del PRI eso estaba clarísimo: el partido oficial no sólo ganaba las elecciones gracias al fraude, el chantaje y la manipulación. Aparte de algún  que otro votante quizá de buena fe, eran legión los que querían perpetuar el sistema con la esperanza de que algún día les tocara tajada (o “hueso”, como dirían ellos). En un ambiente de corrupción generalizada, desde el policía de la esquina o el inspector de educación hasta los secretarios de Estado en connivencia con los grandes capitales, pasando muy señaladamente por los jueces y su policía (con las obvias honrosas excepciones), las oportunidades de colarse donde pudiera uno medrar no eran nada despreciables. Un ensayista notable llegó a decir, seguramente lo recuerdas, que la “mordida” es un sistema de organización social como cualquier otro, comparable con el sistema de venta de cargos del antiguo régimen, una especie de concesión  que autoriza a alguien por ejemplo a cobrar para sí los impuestos y gabelas pagando por ello una cuota al Rey. Todo lo cual no puede decirse que haya cambiado con la llegada al poder de un nuevo partido y sus correspondientes fraudes electorales.

Estoy dispuesto sin embargo a concederte que tal vez en Valencia o puede que incluso en Italia no sean probablemente tantos los que votan a los granujas con la esperanza de entrar en su negocio. En realidad eso es lo de menos. Que los aspirantes a granujas voten por los granujas no puede sorprendernos mucho, y en este terreno sabemos por lo menos dónde está el mal, que es siempre el primer paso para poder hacer algo. Lo verdaderamente desconcertante es que hay sin duda gente que vota por los corruptos sin pensar en sacar tajada. ¿Qué hacer con ellos? ¿Cómo puede suceder eso en una sociedad que se dice democrática? Ya sé lo que estás pensando: que a la gente no le importa tanto que los políticos sean honestos como que gobiernen bien. En México, tras la desilusión de los que creyeron que la derecha iba a combatir la corrupción, es bien visible una corriente en el sentido de que vale la pena que vuelva el PRI con su corrupción pero con menos estupidez. Hace ya años vimos una pintada en un muro que decía, en castizo español de México: “Que se vayan los pendejos y regresen los ojetes”.  

Pero permíteme ponerme un poco filosófico para decirte un par de cositas. Por un lado, lo grave de la corrupción desde el punto de vista de la democracia no es tanto el robo, sino la impunidad. Robos habrá siempre, y tendrían que ser descomunales para ahogar a la democracia: pero lo que sí puede destruir a la democracia misma es que se persigan y castiguen los pequeños robos mientras los grandes quedan impunes. Porque el concepto de justicia no es otro que el de no-impunidad. Quién no sabe que la justicia es exactamente la igualdad ante la ley. A pesar de la etimología, es esa igualdad, más que el gobierno por sufragio, lo que define de veras a la democracia. El nazismo, a pesar de haber sido elegido por el pueblo, no era una democracia porque los judíos no eran iguales que los arios ante la ley. La invención de la democracia consistió justamente en la abolición de los privilegios ante la ley del Antiguo Régimen. El PP español que  proclama que el voto le absuelve de ser corrupto, se escandaliza en cambio de que Hugo Chávez justifique en el voto unas acciones que serán autoritarias, pero no no son corruptas. Francisco Camps no entenderá nunca que una manera de describir el fascismo sería decir que es un sistema donde el voto o el apoyo de la mayoría avala la injusticia. De eso a Berlusconi, dime tú la diferencia.

La otra cosita que quería decirte es que, si por un lado justificar la impunidad en el voto es lo más antidemocrático que puede hacerse, por el otro ese voto mismo, en la medida en que no sea el de los aspirantes a corruptos, hace tambalearse nuestra fe en la democracia. Por lo que acabo de mostrarte, es claro que esa gente vota contra sí misma, vota contra la democracia que es la que les permite votar. ¿Cómo es posible esto? Podemos proponer algunas hipótesis; todas ellas son inquietantes. Sería inquietante que tanta gente vote contra la democracia porque efectivamente desea abolirla y volver a la dictadura. Sería inquietante que tanta gente vote por fidelidad a su partido sin tener en cuenta para nada lo que ese partido propugna y ni siquiera los males que le infligirá. Sería inquietante que tanta gente (en su mayoría, por necesidad estadística, de clases modestas) crea que la derecha corrupta gobierna mejor para ellos, y más aún que vote por quien les parece que gobernará mejor en favor de los ricos y en contra de ellos mismos. Sería inquietante, finalmente, que tanta gente esté manipulada hasta la obnubilación y la ceguera por los medios de comunicación, obviamente dominados (libre marché oblige) por los poderosos.

Ya te imaginarás que yo no tengo ninguna receta para curarnos de tan graves males. Lo único que gente como tú y como yo podríamos hacer es estar poniendo todo el tiempo el dedo en la llaga para ayudar a disipar las nieblas, sin duda intencionales, con que nos enturbian la vista.

Un abrazo inquieto de tu amigo

T. S.

P.S.- Tendré que dejarme en el tintero, para no retrasar esta carta, los comentarios sobre la última lindeza de México: el cierre por el gobierno de Mussolini, perdón, de Calderón, de su propia empresa, la estatal Luz y Fuerza del Centro, tras el asalto policiaco-militar a la sede de su sindicato. ¿Verdad que hay que leer dos o tres veces la noticia para convencerse de que es eso lo que dice?

luns 12 outubro 2009

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